Desde pequeño quise aprender fotografía, pero en los 90 era aún muy costoso. Siempre me llamó la atención el poder congelar momentos y la magia que significaba el revelar un negativo, viendo aparecer las imágenes de la nada en el papel fotográfico. Hoy, ya adulto, puedo disfrutar de ésta pasión detrás de la cámara guardando momentos inolvidables, míos y de otros para que, ojalá, en muchos años más puedan verlos y recordarlos como si fueran hoy.